miércoles, 12 de agosto de 2009

Los tres libros

Don Jose Luis Trejo era un hombre culto. No me quedó ninguna duda. Lo primero que me dijo en cuanto se subió al taxi, es que él tenía la habilidad de hablar con cualquier persona de cualquier tema

-Para usted ¿Cuál es el tema que cuesta más trabajo hablar con las mujeres? – me preguntó casi inmediatamente de que me subí al taxi.
- Sexo- Contesté de inmediato
- Pues yo hablo de sexo con las señoritas – me dijo orgulloso – Una vez, una joven se subió al taxi y comenzamos a hablar del tema -continuó- Ella me dijo que ella quería llegar virgen al matrimonio, que quería guardarse para aquella persona especial, que no quería experimentar nada con nadie más que con el “indicado”. Al decir este última palabra don Jose Luis realmente la entrecomilló con sus demos mientras soltaba el volante en su totalidad. En esta ocasión no importaba, estábamos en un alto. – Hágame el favor – me dijo realmente consternado. Si no hace el amor antes de casarse, ¿Cómo va a saber si le gusta o no?
- Pues nunca podría saberlo- agregué
- Y luego imagínese, ¿por qué cree que las mujeres ponen el cuerno señor? Pues por eso, son señoritas que llegaron vírgenes al matrimonio y que cuando llega otra oportunidad, y la prueban se dan cuenta de que nunca han experimentado un orgasmo y de lo que se han perdido.

Yo seguía escuchando a Don José Luis con toda atención. Mire mi buen – me dijo – si tan sólo todos los mexicanos leyéramos tres libros en nuestra vida – ¿lee mucho usted? – le interrumpí. Claro que me gusta leer amigo- contestó orgulloso- Me aviento un libro a la semana y he repetido varios libros en mi vida. Don José Luis debe de tener como 60 años, en efecto se veía una persona culta, llena de valores y principios. Los ojos bajo esos lentes con el vidrio más grueso que una botella como comenté en la entrada anterior parecían que lejos de ayudarle a ver, se lo impedían.

Don Jose Luis continuó. Son tres libros, los más importantes que hay, y ¿sabe cuánta gente los ha leído los tres?- me preguntó. ¿Nadie? – contesté preguntando. No, claro que varias personas han leído todos, pero son muy pocos, somos muy pocos los que los hemos hecho.

-¿Y cuáles son esos tres libros?- pregunté ahora con mucha más curiosidad
- Se los voy a decir, pero sólo si me hace una promesa – me contestó amenazante.
- ¿Cuál es esa promesa que quiere que le haga? – le dije intrigado
- Prométamelo – me ordenó

Solté una pequeña carcajada y le dije que no podía prometer nada antes de saberlo, que me frustraría si no lo pudiera cumplir.

- Prométame que si le digo esos tres libros, los va a leer. – Me dijo, ahora con mucha mas calma incluso como si me estuviera persuadiendo de hacerlo.

Desde que tengo uso de razón me gusta la lectura. Mis dos abuelos me incitaron a hacerlo, Papá Hugo (como le digo a mi abuelo materno) por un lado, me regaló muchos libros de Julio Verne que aún conservo. Mi abuelo Ricardo (q.e.p.d) me sentaba frecuentemente a leer junto a él, paginas de los libros que él leía. Como añoro esas épocas con mi abuelo.
- Creo que es una promesa que puedo cumplir – le dije.

Muy bien – me dijo aliviado- entonces le puedo decir cuales son esos tres libros. El primero de ellos es… Y me volteó a ver como esperando que yo se lo dijera, no supe que decir – Don Quijote – me aventuré, recordando el juego de las delegaciones y sus códigos postales. No señor – me contestó como orgulloso de que sólo él conocía el secreto – La Biblia.

-¿Sabe que La Biblia es el libro con más impresiones en la historia? Me preguntó.

Siendo maestro de universidad tenía que saber que lo que Don José Luis argumentaba era cierto.

-Lo sé – le contesté.

En ese libro vienen todas las enseñanzas que Dios nos ha dejado. Sin importar el tiempo, si la lee con cuidado, estoy seguro que va a encontrar situaciones que le resultarán similares con varios momentos de su vida. Desde el Génesis hasta el Apocalipsis.

Comenzamos a platicar un poco sobre la Biblia, sobre lo que significaba como un signo de Fe, la pasión con la que Don José Luis hablaba era sublime. De no verlo detrás del volante hubiera pensado que se trataba de un padre o de posiblemente algún religioso tratando de convencerme de convertirme en católico.

El segundo libro que tiene que leer, tiene que ver con las leyes – me dijo- ¿Tiene idea de cuál es? - Me preguntó. La Constitución - le dije seguro de que mi respuesta iba a ser la correcta en esta ocasión. Exactamente, la Constitución – ahí vienen todas las leyes de nuestro país, y de verdad que son pocas personas las que se han puesto a leerla con cuidado y detenimiento.

Dialogamos ahora sobre la vigencia de las leyes que ahí aparecen, sobre los encargados de crear las leyes que por ética profesional no pienso mencionar en este espacio ya que mi mamá me dejó muy claro que si no tengo nada bueno de decir de alguien que mejor me quedara callado. Pasaron dos o tres semáforos del conflictivo Eje Central. Cada vez nos acercábamos más a Bellas Artes que era donde me tenía que bajar. Alcanzaba a ver ya la torre latinoamericana del lado derecho. Miles de personas caminando libremente por las aceras sin necesidad de estar esquivando ambulantes.

El tercer libro – continuó - ¿Cuál cree que sea?
- No tengo idea – contesté un poco decepcionado de mi imaginación, y la verdad no creí que El Quijote fuera a ganar esta vez tampoco.

Don José Luis levantó la cubierta de alfombra que protegía su tablero de los inclementes rayos del sol. Debajo de ella estaba un libro blanco muy pequeño, que sacó cuidadosamente.

-Este es el tercer libro – Me dijo emocionado – El reglamento de tránsito.
-¿Me quiere decir que de todos los libros que se han publicado en el mundo el reglamento de tránsito es el tercero que todos tenemos que leer? – Le pregunté incrédulo.
- Claro. No sólo sirve para mantener orden en las calles señor. Sirve para mantener orden en nuestras vidas. Por ejemplo, rojo significa alto ¿o no?. Si usted está con una mujer y ella le dice que alto, se tiene que detener, justo como cuando hay una luz roja en la calle. Si no se detiene puede haber un accidente y posiblemente sea un accidente fatal. Si el reglamento de tránsito dice que lo primero es el peatón, no es por nada. En nuestra vida tenemos que encontrar a los peatones que tienen la preferencia por sobre todos los demás. Si el reglamento nos dice que los autos no tienen que subirse a las banquetas, también es porque en nuestra vida no podemos andar caminando por donde no debemos.

Las analogías entre el Reglamento de Tránsito y la vida diaria cada segundo cobraban más sentido. Don José Luis estaba en lo correcto. Si tan sólo todo el mundo pudiera leer este tercer libro y de hacerlo si tan sólo todos pudiéramos entender estas analogías.

Llegamos a Palacio De Bellas artes, don José Luis se detuvo para que yo me bajara, lo hice. Le pagué como siempre más propina de la requerida, por el buen momento que me había hecho pasar. Me bajé del auto, cerré la portezuela y comencé a alejarme. Justo en ese momento un par de policías se acercaron al auto de Don José Luis. Regresé al auto. Abrí de nuevo la puerta y le pregunté que si todo estaba bien. Los dos policías (un hombre y una mujer) estaban tratando de morder a Don José Luis por haber hecho parada en Eje Central (poco más tarde ese mismo día escuché en el radio que a partir del día anterior estaba prohibido) Don José Luis se notaba triste, como intimidado por los policías. Cuidadosamente saque un billete de 200 pesos, lo doblé en mi mano y me dirigí a Don José Luis.

- Mi jefe, muchas gracias de nuevo por la plática, estuvo genial.

Le di mi mano y dejé el billete en su mano sin que los oficiales que me estaban viendo más que feo se dieran cuenta. Cerré de nuevo la puerta y me retiré.

Ya no supe si es que Don José Luis logró salirse de ese embrollo. No se si es que tuvo que utilizar la propina que le di en primera instancia o ese billete de doscientos para librarse de los policías. Pero al menos haya pasado lo que haya pasado me sentí bien por ayudarlo como mejor pude. Lo irónico de la vida. A José Luis lo estaban infraccionando por una ley que todavía no había sido añadida al reglamento de tránsito que tanto alababa. Sin Palabras.

5 comentarios:

  1. Wow!!! Un gran maestro... no cabe duda que Dios se presenta de las formas más misteriosas y sencillas de la vida... jamás me había puesto a pensar que detrás de todos esos preceptos encapsulados en libros (llamados leyes, reglamentos, etc) que contienen gran cantidad de prohibiciones y unas cuantas garantías a favor de la vida... pudiéramos entender nuestra propia vida... yo también leeré esos tres libros... XOXO

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  2. Que increíble historia. No cabe duda que detrás de cada persona podemos encontrar magia...El hecho de ser taxistas para muchos, pueden pensar que son gente inculta, y lo que no saben es que muchos de ellos pueden ser más cultos que nosotros que nos creemos lo màximo porque tenemos una carrera universitaria y una profesional. Pero no, el hecho que cualquier persona tenga un oficio, cualquiera que sea, no demerita su persona. TODOS SOMOS IGUALES Y VALEMOS POR LO QUE SABEMOS, NO POR LO QUE TENEMOS. Rodolfo: Sigue escribiendo siempre...

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  3. Cada vez quedo más impresionada por todo lo que escribes y que realmente hacen que aprendas algo, en menos de diez minutos aprendí algo que en mi vida imagine tendría importancia., esta historia me gusto mucho...... :)

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  4. Oye, y como por donde te trepas, para llevarte a donde quieras, por MX$200, pasaje y propina diarios, considerame tu chofer de cabezera! xD

    Como simempre, logras enganchar y está excelsamente escrito, sobre todo el principio...

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  5. Jajajaja, digo lo mismo que edgarator. Ya en serio si vas a mi blog y te gusta, no te olvides de dejar propina ;D

    Abrazos (ya me volví fan de tu blog).

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