Esta semana ha sido un poco caótica, pero a la vez llena de ilusiones. La vida como diría Forrest Gump es como una caja de chocolates, nunca sabes lo que te va a tocar, y a mi creo que ya me tocó, uno muy bueno, posiblemente de los mejores. La envoltura es color verde y su sabor es como el de aquellos chocolates Belgas, increíble.
Mientras sigo disfrutando de mi chocolate recuerdo que hace algún tiempo, cuando pedí un Taxi para ir rumbo al centro de la ciudad un tsuru (así es otro tsuru en el Blog), el chofer me recibió con la clásica al momento de subirme: - A dónde mi jefe – Sin dudarlo contesté apresuradamente –al centro por favor-. No se cómo ni porque me preguntó el código postal del lugar al que íbamos, yo no lo sabía, es más, no tengo ni la más remota idea de cual es el código postal de dónde trabajo ahora. Cuando le contesté que no tenía ni idea del código postal se mostró indignado, como era posible que no me supiera los códigos postales me cuestionó.
A ver mi jefe – me dijo- fíjese, cuando yo era muy chiquito decidí aprenderme de memoria todas las zonas postales que había en la Ciudad de México, no se si sepa, pero por ejemplo, al centro, dónde vamos era la zona postal 1, la colonia del valle era la zona postal 12. Pero entonces, no se a que funcionario se le ocurrió deshacerse de los códigos postales sin ninguna justificación y entonces puso los códigos postales.
Yo escuchaba al señor con suma atención. Su cabello era negro, pero con ya bastantes canas que se asomaban por ahí. Era de tez morena y usaba unas gafas como esas que les dicen de fondo de botella. Además tenía un muy particular modo de manejar su taxi, casi encima del volante, luego noté, que esa característica era porque era muy bajito de estatura y posiblemente el problema visual, también era la causa de ese tan peculiar estilo.
Y luego joven – continuó – que digo “si me aprendí todas las zonas postales, porque no aprenderme los códigos postales” y que lo empiezo a hacer. Fue entonces cuando noté algo mi jefe, de repente me di cuenta que todos los códigos postales de donde yo vivía comenzaban con el mismo número y entonces comencé a recorrer la ciudad buscando el resto de los códigos postales, y me di cuenta de que tenían una lógica bárbara.
Intrigado, le pregunté que cual era esa lógica, era imperativo que lo hiciera, estarán de acuerdo – Es muy fácil jefe, usted se las sabe – me contestó – A ver, cual es la primera delegación en orden alfabético del DF – me preguntó – Álvaro Obregón, respondí sin dudar, ahí estaba mi casa. – Así es- Álvaro Obregón, y con que número empieza su código postal (¡Esa respuesta también me la sabía!) con 01 - contesté.
El señor se mostraba feliz de que hubiera contestado a la perfección su primer pregunta y prosiguió: ¿A ver, cual sigue, en orden alfabético? –Benito Juárez, contesté emocionado. ¡No! A ver, ¿se acuerda donde estaba la refinería de PEMEX? – me preguntó – En Azcapotzalco – corregí rápidamente. ¡Eso es! Contestó emocionado, ¡sus códigos postales empiezan con 02!
Al parecer al señor le gustaba ese juego. No se con cuantas personas lo había hecho, o si era yo el primero en caer en él, la verdad no me arrepiento, la estaba pasando bien en el tráfico de eje central. –Ahora si viene Benito Juárez, donde lo recogí, ¿qué código postal tiene señor? – 03100 – contesté, ¡ya ve! – me replicó, usted también sabe. Nos vamos al 04, ¿Qué delegación sigue después de Benito Juárez? A decir verdad ignoraba esa respuesta. –No pues no se- le contesté decepcionado. ¡No diga que no sabe! ¡Sí se las sabe! Me dijo como retándome – a ver, los viveros de… ¡Coyoacán! – lo interrumpí. Bien, ya ve como si se las sabe, nunca diga que no sabe algo que si sabe. Los códigos postales de Coyoacán empiezan con 04. ¿Luego cúal? – Prosiguió – Me quedé callado, no lo sabía, pero ya no quería decir que no lo sabía. – Allá por la salida a Toluca, esta la delegación… ¡Cuajimalpa! Contesté emocionado, cual niño que por fin se supo una adivinanza o bien como en aquellas épocas de la primaria cuando el maestro te guía de la mano para que tu deduzcas por ti mismo la respuesta. –Eso es, bien hecho- me alentó- Cuajimalpa empieza con 05, ¿luego cual viene? Ni idea mi jefe – contesté decepcionado. ¿A dónde vamos? Me preguntó ahora. Al centro – respondí- y el centro está en la delegación… ¡Cuauhtémoc! Le volvía a atinar. Así es- me dijo- lo códigos postales de la delegación Cuahutémoc empiezan con 06.
El juego continuó por varios minutos más, seguimos con la delegación Gustavo A. Madero cuyos códigos postales empiezan con 07. Recordé con cariño a mi amigo Carlos qué vivió toda su vida por ahí y sí, en efecto me acordaba que su código postal empezaba con 07. Luego Iztacalco, con el código postal que empezaba con 08. La que seguía era sencilla. Además de que estaba muy cerca de Iztacalco también comenzaba con I, así es, adivinaron, Iztapalapa era la siguiente y sus códigos postales empezaban con 09.
Cuando me preguntó cuan era la 10, volví a poner mi cara de ignorante. Y fue entonces cuando me preguntó: A ver mi jefe, allá por el sudponiente, corre un río que ya está muy contaminado. Ignoraba la historia del río, pero recordé que mi amigo Rafa vivía en la delegación Magdalena Contreras, y se lo dije. ¡Muy bien! Me contestó emocionado. Luego- continuó- una que está por ahí por donde lo recogí, acuérdese, sigue el 11 eh! - Esta si me la sabía, la estación de radio en la que trabajo está en la delegación ¡Miguel Hidalgo! Y Cual niño que ya llevaba dos respuestas acertadas de manera consecutiva, ya ansiaba que me preguntara la siguiente. Con 12 mi jefe, allá por el sur también, ¿Cuál sigue? Busque y busque en la memoria interna de mi disco duro (o sea mi cabeza) y no encontré ese dato. Vamos señor, si se la sabe – me dijo como retando – como iluminado en ese momento me atreví a decir: Milpa Alta.
El señor se volvió a emocionar, pero creo que por estar viendo los coches de enfrente en el eje central nunca se dio cuenta de que yo estaba más emocionado de él, no podía esperar saber cual era la delegación que seguía, a que zona de la ciudad le había tocado el número 13. A ver señor ¿cuál sigue?, también por el sur, pero por el otro lado. Sin dudarlo, conseguí mi cuarto acierto de manera consecutiva: ¡Tláhuac! Así es mi jefe, ¿ya ve como si se las sabe? La que sigue es fácil, con 14, es la delegación… ¡Tlalpan! - Grité emocionado. Eso es – continuó- Sólo nos faltan dos, ¿Cuál es la delegación cuyos códigos postales empiezan con 15? – Me preguntó como si estuviera en programa de concursos, muy por dentro de mi podía escuchar la música de Jeopardy. Estuve tentado a contestar: “¿Qué es la delegación Venustiano Carranza?”, pero decidí decir solamente mientras sonreía: Venustiano Carranza. El señor soltó el volante un poco para dar tres aplausos, yo me sentí como niño chiquito concursando con Chabelo, de verdad que ya estaba esperando el momento de las catapixias (¿así se escribe?). Y la última mi jefe, ¿Qué delegación tiene sus códigos postales con el número 16 al inicio? Esa ya era fácil, - Xochimilco – contesté. Había respondido correctamente las últimas siete delegaciones. ¡Si me las sabía!
El señor sonreía, posiblemente pensando que ese día ya había valido mucho la pena en su vida. Le había enseñado a alguien dos cosas, primero el orden de los códigos postales, y la segunda a no decir que no sabía, porque a final de cuentas si me sabía todas las respuestas.
La plática continuó por otro bien rato, el tráfico en el eje central estaba muy cargado, lo cual no me molestó, porque eso me daba oportunidad a seguir platicando con el chofer de mi taxi. Lamentablemente las delegaciones se habían terminado, pero comenzamos a platicar de otro tema, uno muy interesante por supuesto. Tema del cual platicaré en otra ocasión. Cuando nos acercábamos a nuestro destino le pregunté si es que le gustaba el béisbol. – Claro- Me gustan todos los deportes señor. Le pregunté su nombre. –Jose Luis Trejo- me contestó. ¡Así como el entrenado de futbol! - le dije asombrado – así es, sólo que gano mucho menos, me dijo sonriendo.
Le prometí que ese día por la noche, le iba a mandar un saludo al aire en la transmisión de béisbol de los Diablos Rojos del México. Lo hice.
No se si Don Jose Luis escuchó el saludo. Sólo se que ese día, gracias a Dios que lo puso en mi camino, y a él, que resultó ser un gran maestro, aprendí dos cosas, esas mismas que trató de ensañarme. A saber como se designaron los códigos postales, y a nunca darme por vencido y decir no se, antes de tiempo.
miércoles, 5 de agosto de 2009
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Muy cierto... vamos por la vida haciendo las cosas sin preguntarnos porqué lo hacemos o porque están ahí... nos hemos olvidado de cuestionar la lógica de las cosas que suceden en nuestra vida y de lo que resulta “normal”... caminamos sin mirar... pero afortunadamente la vida nos cruza con gente que nos lleva a cuestionarnos ¿porqué las cosas son así?... nos lleva al límite para conocer nuestras propias capacidades... buena lección Rod...
ResponderEliminarpues sí que te enseñaron el código postal eh? :D
ResponderEliminarAbrazos