
He empezado el blog, y no dejo de pensar en la cantidad de ocasiones en las que he dejado ir una entrevista con un taxista. Pláticas interesantísimas que ahora están guardadas en una caja con una etiqueta que dice olvido.
Ahora no dejo ir ninguna oportunidad de tomar un taxi para poder charlar con su chofer. Y me pregunto, que tanta suerte tendré para toparme con tipos de verdad interesantes y no con choferes déspotas y cafres, eso sólo la suerte lo determinará. He dejado el auto enfrente de mi oficina, cuando me hablan para pedirme que ayude en unas presentaciones de power point a unos cuantos kilómetros de aquí. Decido caminar hasta la avenida insurgentes y así aprovechar para que le dieran una boleada a mis zapatos. Lamentablemente, Don Moy mi bolero de confianza tiene un cliente con el que apenas empezaba a trabajar. Desilusionado y con mis zapatos poco lustrosos cruzo la calle para poder parar un taxi sin muchos problemas.
El problema ahora para mi es escoger el auto, mi regla principal es seleccionar de entrada los taxis cuya placa empiece con A. Dejo pasar los Volkswagen y me concentro principalmente en los tsurus. Habré dejado pasar tras coches vacíos hasta que vi uno que sentí que era el indicado. Curiosamente no era tsuru, sino un Atos.
Para sorpresa mía en cuanto subí no escuché ningún noticiero en la radio, mucho menos música guapachosa, tampoco Universal Stereo, la Z o alguna de esas estaciones que tienen mucho rating. Lo que escuché fue música clásica. La primera vez en mi vida que me subía a un taxi y que escuchaba ese tipo de música. Después de saludar al taxista que vestía con una camisa de manga corta tipo guayabera y en la cabeza una gorra con la palabra “tecamac” bordada, le pregunté si acaso era la estación Opus la que estaba en su radio, me contestó que no, que era Radio Universidad. Obvio como maestro de radio tenía que conocer ambas estaciones, pero la verdad nunca había escuchado música clásica en Radio Universidad, posiblemente por la hora.
Le pregunté que tanto le gustaba la música clásica y me contestó que era su música favorita. La siguiente pregunta era obvia “¿Cuál es su compositor favorito?” El taxista, que muy a mi gusto tenía cabello cano (por aquello de la sabiduría) y barba igualmente cana y bastante abundante que le cubría toda la cara, me contestó: “Seguro quiere que le conteste que Mozart y si me gusta pero no es mi compositor favorito, Vivaldi, excelente también, pero no, tampoco es mi favorito”. Después de nombrar a otros cinco compositores de los cuales no recuerdo sus nombres, por fin me dijo el nombre de ese compositor que está como número uno para él en la historia: “Johan Sebastian Bach”.
Después de la cátedra de música clásica de la cual me declaro neófito, la conversación dio un súbito giro, y dejamos a un lado los acordes y los instrumentos musicales para entrar en el mundo de la astronomía y de los cuerpos celestes. La persona que tenía enfrente de mí, justo detrás del volante era estudioso de la astronomía e incluso estaba tomando un curso en la UNAM en la materia. Comenzamos a platicar sobre la astronomía y justo como lo hicimos con la música me mencionó al que era para él el mejor astrónomo en la historia, al menos para él, y resultó ser Nicolás Copérnico, a quien correctamente se refirió como “El padre de la astronomía moderna”, después de me comentó sobre los otros cuatro astrónomos que vienen detrás de él, uno de ellos que la verdad no recordaba, seguramente ese día falté a la escuela, posiblemente por enfermedad o bien porque me fui de pinta con mis amigos. John Kepler. Me dijo las leyes que inmortalizaron a este gran astrónomo Alemán (yo ni siquiera sabía que era Alemán). Luego mencionó a otro gran astrónomo, Galileo Galilei que alguna vez, en voz de mi chofer, mencionó “mide lo que puedas medir, y lo que no puedas medir, hazlo medible”
La verdad estaba yo maravillado con la conversación, nunca en mi vida había conversado con alguien acerca de astronomía, es más, al igual que con la música clásica, la astronomía no es uno de mis puntos fuertes, y sin embargo en estos pocos minutos junto con este gran hombre, ya había aprendido el nombre de cinco compositores y de un astrónomo.
Seguimos platicando de lo que había hecho Galileo, de cómo es que descubrió el “albedo” que es el reflejo de la luz del sol sobre un cuerpo celeste. Después de esto, me comentó de cómo en 1683, hubo por ahí otro astrónomo de nombre Isaac Newton (¡este, al igual que a Galileo, si lo conocía!) y me platicó sobre sus dos descubrimientos principales, la Ley de la gravedad y la ley de la fuerza.
Estaba yo tan maravillado sobre la cantidad de conocimientos que están dentro de la cabeza de este hombre que le pregunté si es que algún día le gustaría dar clases,
- Pretendo dar clases señor, sólo que necesito mi Doctorado, pero va a ver que algún día lo haré, clases de astronomía – me contestó sin vacilar ni un momento. A mi por lo pronto ya me iluminó – agregué. Date el tiempo para leer, es el fundamento de la sabiduría- me contestó mientras esbozaba una sonrisa que yo alcancé a ver en el retrovisor.
Lamentablemente llegamos a nuestro destino, de no haber sido porque de verdad les urgía que les ayudara con esa presentación y que ya era un poco tarde le hubiera dicho a este gran hombre que nos fuéramos a tomar un café, yo lo hubiera invitado. Me acerqué a pagarle 20 pesos más de lo que decía el taxímetro, le estiré mi mano para estrechar la suya, le pregunté su nombre, Jaime Álvarez – contestó mientras señalaba su tarjetón, y mientras nuestras manos continuaban estrechadas se despidió diciendo:
“Es un placer inmerecido para mi estrechar su mano”
Me despedí, baje del auto y Don Jaime continuó su camino, en el cual seguramente platicará con alguien más de sus dos pasiones, la música y la astronomía.

Muy ilustrativo también para mi, seguramente el mismo día que en Geografía hablaron de Kepler yo también me fui de pinta, porque tampoco lo recuerdo jeejejej... que bueno que puedas ilustrarnos de tus viajes en Tsuru o Atos con estas personalidades de las que todos podemos aprender mucho. Por cierto, por qué no te gusta viajar en vochos???
ResponderEliminarEs increíble que personas con tanta preparación, experiencia y tantas vivencias, tengan que andar manejando un taxi, que si bien es un oficio muy digno, este tipo de personas podrían aportar más a la comunidad. Desgraciadamente, por razones que todos conocemos, son pocos los empleos para personas mayores. Pero gracias a tí, por darte el tiempo de platicar con ellos y transmitirnos tus experiencias y las de ellos. Felicidades
ResponderEliminarMuy interesante la historia de Don Jaime y tienes razón por algun motivo todos, o al menos la gran mayoría, siempre tienen una historia interesante que contar. Aunque jamas me imagine a un taxiste estudiando su Doctorado en Astronomía!
ResponderEliminarAmigo, esta genial la idea de que publiques la historia de los Taxistas, quien se puede imaginar que en un tiempo de 15 a 20 minutos dentro de un taxi existan historias tan interesantes, y gente tan amable y culta como Don Jaime, que me encanto su historia, porque ahí esta la muestra del querer superarse.
ResponderEliminarEsposo mío,
ResponderEliminarAdmiro la facilidad que tienes para platicar con los desconocidos y una vez más te digo que escribes hermoso y que tu narrativa me hizo creer que estaba ahí observándolos y escuchando palabra por palabra y nota por nota. Wow que buena charla!!!!.
Sabes Don Jaime tiene una misión en esta vida y es la de motivar a la gente a luchar por sus sueños, esos sueños que a veces vemos tan lejos como el cielo e inalcanzables como las estrellas, pero que en esta vida de mortales son más reales que el amanecer.
Amo tus historias y espero con ansiedad la próxima.
Leí la historia, me parece impresionante y algo fuera de lo común, ¿es una historia cierta? ¿Jaime si existe? qué bueno que aún exista gente con ganas de superación personal.
ResponderEliminarSr. Anzaldua yo fuí taxista también y en el trajín diario de esa ocupación le puedo decir que el taxista también sufre de una metamorfisis con cada pasejero, le doy por ejemplo que en una esquina se sube una prostituta que le fué muy bien y paga generosamete, y a la siguiente un médico que reniega de lo que se le cobra, argumentaando que cada día se le cobra más, entonces se tiene que tener la capacidad psicologica para entenderlos a los dos y poder así terminar el día con unas monedas en la bolsa.
ResponderEliminarEn fin mucho le garadesco su comentario a este gremio del que honrosamente algún dia fuí miembro.